Victor Bassols, Blanes, cicloturismo, fotografia, corazón, infarto.Foto: Masia entre Tordera y Hostalric, Mayo 2010.
La mañana empieza con infinita ingenuidad, limpia, clara y fresca, el olor a tierra mojada y hierba tierna impregna los sentidos y se ofrece sin pedir nada a cambio a todo aquel dispuesto a acercarse a ella, la primavera muestra en todo su esplendor el maravilloso regalo de la vida, aunque este año con retraso, las heridas ocasionadas a lo largo de los tiempos parecen estar haciendo mella en sus pautas, o tal vez sea nuestra impaciencia la que trate de modificar de nuevo su sabiduria.
El tiempo no es mas que un invento del ser humano, tratamos de aplicarlo sin respeto sobre todas aquellas cosas que nos rodean, imponemos sin piedad nuestra cadencia incluso a la naturaleza, todo debe girar según un plan diseñado con el único fin de pautar una existencia tiranizada por sus ritmos y que nos hace cada vez mas esclavos.
Me dejo llevar por el instinto y decido salir de la ruta que tenia prevista adentrandome en el bosque con la intención de sentir, de saborear, de empaparme de todo lo que me rodea, de buscar en sus entrañas el sentido a tanta generosidad.Al llegar a un claro distingo entre el follage unas lápidas que me llaman la atención, absorto por la belleza que me rodea a punto estoy de pasar de largo, pero la curiosidad puede conmigo, me apeo de la bicicleta y me acerco a ellas, a mi derecha hay una, justo delante mio distingo tres más y otras tres o cuatro a mi izquierda. En la distancia consigo ver un nombre gravado en la roca y una breve leyenda que me obliga a acercarme aún más y arrodillarme para retirar las ramas secas que me impiden su lectura, "vivió doce años". Me levanto un tanto sobresaltado y me alejo cuatro o cinco pasos quedando justo enfrente de la que tenia a mi derecha, otro nombre y otra leyenda,"vivió siete años", y así todas, una tras otra, "vivió nueve años", "vivió tres años"...
La tristeza se apodera de mi, decido coger la bicicleta y alejarme de allí lo mas rapidamente posible, doy un pequeño trago de agua y prosigo mi marcha. Al poco me encuentro con un anciano sentado sobre un tronco caido, detengo mi marcha frente a él, "¿que quieres buscador?", me dice con voz dulce pero castigada por el tiempo.
"No entiendo tanta desgracia, mas abajo he visto un viejo cementerio donde el mayor de los enterrados allí habia vivido quince años"
El anciano me miró complaciente esbozando una leve sonrrisa, " No sufras buscador, en este pueblo al nacer nos regalan una pequeña libreta, una libreta forrada de piel con una cinta de seda que nos atan al cuello, en ella tenemos que apuntar los momentos felices que pasamos en esta vida, el aniversario, las caricias de la madre, el primer beso, los momentos pasados con los seres queridos, las risas...todos apuntan sus momentos verdaderamante importantes y que les hacen felices, luego al morir, leemos las anotaciones y en las lapidas inscribimos el tiempo que han sido realmente felices".
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Texto dedicado a todas aquellas personas dispuestas a encontrar su tiempo, a vivir según su propio ritmo y a encontrar en cualquier instante un poco de felicidad. Adaptación a mi reflexión de un cuento escuchado de viva voz al poeta Jorge Bucay.

